En otro lugar hay una mujer de 40 años que tiene un hijo

En otro lugar hay una mujer de 40 años que tiene un hijo. Y la gente le dice: “¿Solo uno? ¿Nunca has querido tener más?”

“Estoy contenta con mi hijo”, contesta, repitiendo la respuesta ensayada que ha tenido que dar tantas veces que ya ha perdido la cuenta. Suena bastante creíble. Nadie sospecharía que, a solas, llora…

Llora porque su único embarazo fue un milagro.

Llora porque su hijo le pide un hermanito.

Llora porque siempre quiso tener por lo menos tres.

Llora porque su segundo embarazo tuvo que ser interrumpido para no arriesgar su propia vida.

Llora porque el médico le advierte de que otro embarazo sería “de alto riesgo”.

Llora porque ya le cuesta cuidar del único hijo que tiene.

Llora porque a veces uno pesa como dos.

Llora porque a su marido ni se le ha pasado por la cabeza tener otro.

Llora porque su marido murió y no ha vuelto a encontrar el amor.

Llora porque su familia piensa que con uno es suficiente.

Llora porque está centrada en su carrera y no puede permitirse quedarse rezagada.

Llora porque se siente egoísta.

Llora porque aún no ha perdido el peso que ganó durante el primer embarazo.

Llora porque la depresión posparto fue muy intensa.

Llora porque no quiere ni pensar en tener que volver a pasar por eso.

Llora porque tiene problemas físicos y el embarazo solo los acentúa.

Llora porque aún lucha contra la bulimia.

Llora porque tuvo que someterse a una histerectomía.

Llora porque quiere tener otro hijo, pero no puede.

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